Écija - Camino de la campiña - Camino de Campillo - Embalses - Campillo - La Luisiana - Vía de servicio - Villanueva del Rey - Vía verde - Écija - Lavadero
Tras mi mes de convalecencia... vuelvo por fin a los ruedos con muchas ganas. Así que para empezar, un paseíto a Campillo.
¿Quién dice que no ha llovido nada? Eso no era barro, era cemento luego... Vamos José, que ya arranca...
Un cetrero por medio de los terrones. También tendría las botas con 3 kilos de barro cada una.
Hoy la gente tenía ganas de bicicleta, después de unos días de viento y agua. Tanto es así que nada más salir del merendero un grupo encabezado por Diego y éste que escribe tomaron la delantera y no se le vio el pelo hasta Fuencubierta, donde pararon a revisar el tramo de vía que queda, qué lástima. Y eso que uno de los integrantes decía que era nuevo, pues no anda mal, vamos. Será cosa de las 29 pulgadas que calza.
A la altura de Fuencubierta
Una vez reagrupados, vamos buscando Las Pinedas y el Barrio de la Estación, de Guadalcázar, con un Paco Blázquez pletórico en pleno uso de
sus condiciones físicas... hasta que dejó de estarlo, pero eso ya es
otra historia. Arengado por Riky, Salvi e Isra, se marcó una buena
"subida".
El grupo en Guadalcázar
Fernando Yélamo y Diego se volvieron en Las Pinedas por diversos
compromisos familiares, y el resto paramos a presumir de plátano en
Guadalcázar. Una vez alardeado, nos damos media vuelta y el sector derecho de la foto puso pies en polvorosa (como se nota que Manolo se está preparando para Ronda), acompañados de un solidario Paco Blázquez que se paró a esperarnos, como buenos amigos, aunque nosotros poco más adelante quisimos hacer una escapada para comprobar si había naranjas a la altura de la vía del AVE, para que a nuestros compañeros José Manuel y Paquito, que se quedaron atrás no les faltara de nada.
Agrupados los 8 que iban en cola, una vez pasado el cruce de la carretera hacia la Venta Julián, uno con una chaqueta del Astaná empezó a hacer de liebre por el carril de la derecha pese a los baches y los charcos continuos. Se descolgaba y daba un arreón, para ver si calentaba a algún galgo y hacía más entretenida la vuelta.
Tras un descansito y un reagrupamiento antes de llegar a las cañas del cruce con el camino de las Alberquillas, el amigo Javi Becerra hizo un amago de escapada al que rápidamente respondí, aunque me siguieron Salvi, que no sabemos cómo lo hace pero siempre va fresco, y Riky. En esas estábamos los tres cuando, llegando a la altura de la Cuesta de los Palos, dice Riky: "Bueno, ya está, que no puedo más". La respuesta que obtuvo de Salvi, que iba el primero del grupo, fue otro arreón al que sólo respondí yo. Si es que no hay nada como llevar amigos en el grupo.
- Isra: Si es que somos como niños.
- Salvi: Pero sin el "como".
Finalmente Salvi y yo hicimos un pacto entre caballeros y decidimos dejar el asunto en un empate técnico antes de llegar al merendero, para sangría de Riky, que iba alejado algunos metros con la lengua fuera esperando a ver si al menos uno de nosotros dos reventaba.
Ya en el puente Hierro quise calentar a alguno con subir al cerro de San Cristóbal, y Juan El Lavadora y Miguel Ángel han demostrado ser los más valientes, pero yo mismo no he querido tampoco dar tarea a los de la UVI móvil en el Día Internacional del Trabajo, así que para casita, que ya vendrán más días de bicicleta.
El ferrocarril se inauguró en Écija el 19 de septiembre de 1879, con un primer ramal o tramo: la línea que unía Écija con Marchena. Dicha línea de ferrocarril, posteriormente ampliada hasta unir Écija con Sevilla y Córdoba, permaneció abierta hasta la década de los sesenta, en que los modernos medios de comunicación, en relación con las nuevas vías que unían Écija con las capitales sevillana y cordobesa, originaron su desmantelamiento, alegándose por los responsables de ello que no era rentable mantener dicha línea de ferrocarril. Las fotografías que nos dejó el ecijano Juan N. Díaz Custodio testimonian tan importante acontecimiento.
El Camino Natural de La Campiña Sevillana discurre sobre el antiguo
trazado ferroviario de Marchena a Valchillón en su trayecto dentro del
término municipal de Écija.
La línea Marchena-Valchillón, cuyas obras fueron
finalizadas por la Compañía de Ferrocarriles Andaluces en octubre de
1885, contaba con un recorrido de 91,386 kilómetros y se planteó
inicialmente de Marchena para llegar a Montilla y allí entroncarse con
el ferrocarril de Córdoba a Málaga. Posteriormente su trazado inicial
fue modificado al realizarse una variante al tramo Écija-Montilla que
quedó sustituido por el de Écija-Valchillón, punto este último donde
entronca con el ferrocarril cerca de la capital cordobesa. Con esta línea, la
Compañía de Ferrocarriles Andaluces presentaba un recorrido alternativo a
la línea Córdoba-Sevilla que controlaba la Compañía de Ferrocarriles
M.Z.A. Posteriormente, como consecuencia del alto déficit que presentaba
su explotación, RENFE desmanteló esta línea en 1971.
Los terrenos que ocupa la citada línea en el
término municipal de Écija y sobre los que asienta este camino natural,
fueron comprados a RENFE por su ayuntamiento en el año 1986.
La
llegada y la ida del tren siempre fue un acontecimiento en Écija. Éste
llego por primera vez a la ciudad el 19 de septiembre de 1873 y estuvo
en activo un siglo. En él se fueron, más de los que llegaron, ecijanos
que buscaban el sustento en otros lugares. Hasta no hace muchos años,
aún se podía pasear por la estación de tren –hoy reconvertida en
comisaría de la Policía Local y Nacional– y hace aún menos, algunos
raíles continuaban en su sitio de antaño en el camino del Barrero. Hoy,
lo que fue el trazado de la vía, se ha reconvertido en una “vía
verde”.
Recuerdos de una enorme máquina, que al pasar
por el camino en el que hoy está la Ronda de Circunvalación, hacía su
parada en lo que hoy es el edificio de la Policía Local, y al salir,
rompía el silencio de un pueblo escaso en vehículos a motor, con un
fuerte pitido.
Continuaba su camino por el camino de la Argamasilla, y según
cuentan los mayores,(yo no lo ví porque nunca viajé en él), en la zona
donde el camino se hacía cuesta arriba, los pasajeros se veían obligados
a bajar para que de éste modo pudiese remontar el "pecho" que hacía el
terreno, y caminando junto al tren, una vez arriba,volvían a subir para
continuar su viaje.
Como andaluces que somos, exageraban sus historias, diciendo
que algunos aparovechaban para hacer sus necesidades mientras que los
más espabilados, se afanaban en saquear los frutos que emergían de un
melonar que había por allá.
Desde el año 1851 en que la empresa del "Ferrocarril
Andaluz", como se la denominaba por aquel entonces, solicitara el
concurso para que la línea de ferrocarril que llegaba desde
Madrid hasta Cádiz, pasase por Écija, y que por
fin el 19 de Septiembre de 1879 llegó a oírse el
silbido de la locomotora a las puertas de nuestra ciudad pasaron
muchas vicisitudes.
Situación: Situado en la terraza del mirador del Molino del Vadillo, rodeado de olivos y en terreno perteneciente al cortijo de 'Estepa'.
Altitud sobre el nivel medio del mar: (base pilar) 196,40 m. Descripción física: Fecha de construcción: 01/12/1973 Centrado forzado: No Número de cuerpos: 1 Altura pilar: 1,20 m. Diámetro pilar: 0,20 m. Altura último cuerpo: 0,10 m. Ancho último cuerpo: 0,80 m. Altura total de los cuerpos: 0,10 m. Horizonte GPS: Despejado
Écija - Camino de la Campiña - Villanueva del Rey - Wavin - Casilla del Rosario - Camino de Fuentes de Andalucía - Cortijo de la Venta del Hierro - Cerro antigua Casilla del Pavón - Cortijo de la Venta del Palmar - Molino de Culleros - Carril de la Compañía - Cortijo Las Palomas - La Luisiana - Camino de servicio (A-4) - Villanueva del Rey - Camino de la Campiña - Écija
Écija - Puente Hierro - Merendero -Vía verde- Cuesta de los Palos - Trocha de las Blancas - Cañada Real del Moro o de la Plata - Cerro Perea - Cuesta del Polvo - Cortijo de la Morana - Vereda de Santaella - CO-275 - Olivos del Cortijo del Guijarrillo - Camino de la vía del AVE - Camino de servicio (A-4) - Écija
Écija - Puente Hierro - Camino paralelo Ctra. Palma del Río - Isla del Vicario - Ctra. Palma del Río - Cortijo del Médico (Gato frito) - Cerro de la Alcotrista - Antigua Laguna del Rodeo - Cañada Real del Monte de los Frailes - Llanos del Rodeo - Camino de Fuente Palmera - Cañada del Rabadán - Casa de Bajo de Mesa - Ctra. de Fuencubierta al Villar (SE-138) - Molino de Aragón - Vía Verde - Merendero - Puente Hierro - Écija
Hasta aproximadamente el año 150 d.C., el comercio mediterráneo realizado desde Hispania era fundamentalmente un comercio bético en el que, al parecer, predominaban el aceite y los salazones. Para ambos productos, también para el vino, se hacían necesarios contenedores apropiados, las ánforas, parte integrante de las explotaciones agrarias y de las que tenemos cumplida constancia a lo largo del Guadalquivir. En los múltiples alfares detectados observamos una febril actividad que coloca los productos, fundamentalmente de aceite, en todas, sin excepción, provincias occidentales y en Roma: en el limes renanorético, en Britania, en las Galias, en los Campos Decumates, entre los helvecios, en Italia también. Si hubiéramos de individualizar algunas de estas figlinas en producción en época flavia señalaríamos la de Las Delicias (control aduanero en Astigi, Écija) con una producción muy diversificada, la de Alcotrista (idéntico control) con una amplísima difusión.
Los 100 centros del Guadalquivir productores de ánforas reconocidos hasta el momento se localizan principalmente en un triángulo formado por las capitales de los conventus de Hispalis, Corduba y Astigi.
La adecuación del Genil para la navegación hasta Écija, que facilitaba la salida de los productos de la región por medio del sistema más ágil y barato de la Antigüedad, determinó que estas fincas pronto se dedicasen a cultivos muy rentables con vistas a la exportación, como eran los de la vid y el olivo, que aunque ya eran de sobra conocidos en la región, tuvieron una gran expansión en la época.
Los productos derivados de estos cultivos, fundamentalmente el vino y el aceite, eran envasados para su exportación en ánforas, contenedores destinados al transporte en barco y producidos en las orillas de las vías navegables.
Las estampillas grabadas sobre el barro fresco antes de la cocción del ánfora nos permiten establecer el origen de los alfares, muchos de los cuales han sido identificados en ambas orillas del Genil, desde la Huerta de las Delicias, a 4 km. de nuestra ciudad en línea recta, hasta la desembocadura en el Guadalquivir. A orillas de este río se han identificado 18 alfares: Las Delicias, Alcotrista, Las Animas, Palmosilla Baja, Doña Mencía, Isla Grande, Las Valbuenas, Casilla de Tarancón, Casilla de Malpica, El Judío (en ambas orillas), Motores de Malpica, Isla de la Liñana, Las Monjas, Isla de la Barqueta, El Sevillano, Casas del Picón, y El Portillo. El de Alcotrista es uno de los tres más importantes.
Las ánforas de estas zonas, fabricadas en los primeros tres siglos de nuestra era, han sido encontradas a lo largo y ancho de todo el Mediterraneo occidental y a veces también en el oriental (Alejandría, Rodas...) pero, sobre todo, se han encontrado en Roma, donde los restos de estos envases forman la colina artificial llamada Monte Testaccio, y en los puestos militares de Galia, Germania y Britania.
En la siguiente imagen se aprecian las marcas o estampillas de alfareros de Écija. Concretamente, las que están numeradas del 16 al 23 se corresponden con restos pertenecientes a Alcotrista: