Hoy quiero hacer una excepción, dejando de lado por un momento el BTT, para compartir con vosotros una rutita de senderismo que realizamos Teresa y yo el pasado 21 de julio. Concretamente, estuvimos en el
Parque Natural de las Fragas do Eume, en la provincia de Coruña (Galicia).
La leyenda cuenta que Dios al crear los tres ríos que nacen en la sierra de O
Xistral -Eume, Landro y Masma- le prometió un hombre cada año al que
llegase primero al mar. Traicionado por los otros dos, que lo dejaron
durmiendo, el Eume tuvo que cruzar valles y montes para ganar. Por eso
salió bravo y agreste y, antes de la aparición de los embalses en su cauce, también llevaba cada año la vida de un
hombre. (http://www.eumeturismo.org/esp/fragas.html)



Nada más dejar el coche en el aparcamiento, el río Eume y su entorno nos sorprenden por su belleza. Aprovechamos para almozar algo y, sin que lo tuviéramos previsto, embelesados por la hermosura del paraje, decidimos echar a andar. La circulación por la pequeña carretera de acceso, antaño en muy mal estado, que llega hasta las faldas del cerro donde se alza el Monasterio de Caavario, está limitada al autobús turístico que recorre la zona y a pescadores (se conceden 30 licencias al día, según pude leer) y residentes. Otra opción es alquilar allí mismo unas bicicletas motorizadas o tándems, pero nosotros nos decidimos por hacer la ruta a pie, y no nos defraudó en absoluto, por la orilla del Eume.



Por este puente colgadizo (sí, se mueve y hace ruido), abandonamos temporalmente la carretera, cruzamos el Eume y entramos en un senderito que, a tramos, tenía barro, piedras, saltos de agua y raíces... Muy entretenido, vaya. Sobre todo teniendo en cuenta que el equipamiento que llevábamos no era el más adecuado. Pero aún así, disfrutamos de lo lindo con las impresionantes vistas que nos regalaba la ribera a cada paso que dábamos.
Cuando llevábamos recorridos unos 5 kms aproximadamente, y a la vista de las altas temperaturas y de que no llevábamos nada de nada (ni agua siquiera), nos topamos con un puente idéntico al primero, que conectaba las dos orillas, así que decidimos cruzarlo y volver a la carretera para proseguir la ruta.
Justo antes de iniciar la subida (menos mal) al huidizo monasterio de Caaveiro, Teresa tuvo que recolectar (o mejor dicho, pedir a un grupo de excursionistas que nos encontramos) una naranjita (de Adán, bendito fruto prohibido) para un servidor que, todo hay que decirlo, llevaba algún kilómetro entrando en Pájaris profundis. Para colmo, yo pensaba que el mencionado monasterio estaba más solo que Tom Hanks en Náufrago, y que nos iba a tocar afrontar los casi 7 kilómetros de vuelta sin echarle nada al cuerpo...

Por fin llegamos al monasterio de Caaveiro y, como si de un espejismo se tratara, atisbamos una pizarrita de esas que se colocan en la puerta de los bares, anunciando bocadillos a un precio que, en otras circunstancias nos parecerían más bien caros, pero que en la situación en la que nos encontrábamos nos pareció lo más irrisorio del mundo. No era una ilusión óptica provocada por la falta de azúcar y oxígeno en nuestro cerebro, no. Se trataba de la
Taberna de Caaveiro, ubicada en la planta superior del antiguo horno del monasterio.
Ante la perspectiva de darnos un banquete a base de bocadillos de jamón, queso y lomo, con sus respectivos Aquarius® (patrocinador oficial de nada en este caso), paseamos gustosamente por las edificaciones del Monasterio de Caaveiro.
Una vez saciado nuestro inconmensurable apetito, hacemos acopio de la fantástica bebida y nos disponemos a realizar el camino de vuelta orgullosos y agradecidos por el azar que colocó el bar, alllá en el sexto o séptimo pino.
Parque Natural Fragas do Eume
Las Fragas do Eume son un ecosistema único en Europa. Agrupadas en las orillas del río del mismo nombre (84 km de largo), a extensión arbórea es la principal muestra de este ecosistema de alta biodiversidad, el bosque atlántico, tan específico gracias a la proximidad de la mar y de las profundas riberas del río, que lo convertió, en 1997, en Parque Natural. Tradicionalmente fueron muy explotadas por la riqueza e fertilidad de los suelos, y por eso son ecosistemas poco frecuentes y conservados unicamente en zonas aisladas coma estas fragas. Se trata de un espacio protegido, pero visitable, que ofrece agradables sorpresas a quien lo percorre.
A lo largo de las orillas de cinco ayuntamientos se extienden más de 9.126 hectáreas de macizos forestales de diversas características. En las tierras más próximas al río crecen bosques de ribera basados en los chopos y alisos, que esconden auténticos tesoros de heleches y musgos, específicos de este Parque, y también dos raras especies de narcisos. Subiendo por las laderas de los montes, encontramos bosques de robles, la especie mas características de las Fragas do Eume.
Si bien la flora es la joya de las Fragas, también acogen algunas especies animales endémicas y en peligro de extinción, desde pequeños anfibios y reptiles, como la salamandra rabilonga, hasta especies mayores, como el lobo o el gato montés, o diversas aves de rapiña, como el buho real.
El monasterio de Caaveiro
Obtiene así el
cenobio un gran poder, alcanzando su iglesia la categoría de Real
Colegiata (con seis
canónigos) que conservará hasta finales del
siglo XVIII, época en la que, tras quedar abandonado, queda al cuidado de un casero e inicia así su decadencia y deterioro. Acabando el
siglo XIX, Pío García Espinosa, que había comprado buena parte de las tierras que rodean el
monasterio, consigue una autorización del Arzobispo de
Santiago
para restaurarlo. Derriba, para acometer la restauración, la casa
delantera y la iglesia prioral, edifica un pabellón almenado y
reconstruye la
capilla de Sta. Isabel.
Los restos más antiguos son del
siglo XII,
destacando la iglesia que se levanta sobre un montículo muy escarpado
que obligó a sus constructores a salvar los desniveles del terreno por
medio de altos muros con
contrafuertes y estancias subterráneas. Del templo
románico se conserva en buen estado la cabecera y buena parte de la nave. Queda también en pie un hermoso campanario
barroco del
siglo XVIII,
obra de la escuela de Simón Rodríguez. La casa de los canónigos y las
cocinas del monasterio también se conservan aceptablemente.
Historia
del Monasterio
San Xoan de
Caaveiro es uno de los más pintorescos monasterios de Galicia.
Se encuentra en el parque Natural de Fragas do Eume, en el
Valle del Río Eume, en la provincia de A Coruña.
El
Monasterio de San Juan de Caaveiro, según la tradición,
fue fundado por San Rosendo para aglutinar a un grupo de anacoretas
que vivían en este lugar tan apartado, allá por la primer
mitad del siglo X.
Lo que sí
se sabe con certeza es que primero fue un monasterio benedictino altomedieval
y que luego pasó a ser colegiata (perteneciendo a los Canónigos
Regulares de San Agustín). Tuvo este cenobio gran influencia
en toda la comarca de Pontedeume como se comprueba en que en el año
1107, Alfonso VII donó al abad Pedro y a los monjes de Caaveiro
todas las posesiones en que estaba asentado el Monasterio. También
logra quedar exento de la autoridad del arzobispado de Santiago de
Compostela
No se conoce con
exactitud en qué fecha se convirtió el antiguo Monasterio
benedictino en real colegiata agustiniana. Por varios documentos del
siglo XIII sabemos que en Caaveiro, en esa centuria, ya estaban los
Canónigos Regulares de San Agustín, pues no se menciona
al Abad y a los monjes sometidos a la observancia de la Regla Benedictina,
como en los privilegios de Alfonso VII y Fernando II.
Es por ello que se deduce que este cambio se produciría en
algún momento de la segunda mitad del siglo XII aunque también
se desconoce si fue porque los benedictinos decidieron adoptar la
Regla de San Agustín o porque, disuelto el primitivo Monasterio,
se reconstruyó con canónigos regulares venidos desde
otro lugar.
Tras los interminables
avatares que esta comunidad tuvo durante siglos llegó el abandono
en el siglo XVIII y su ruina en el XIX.
A finales del
siglo XIX (1896) Pío García Espinosa, propietario de
amplios terrenos de la zona, solicita y consigue autorización
del Arzobispado de Santiago de Compostela para la restauración
del conjunto, que encarga a López Ferreiro, reedificándose
una de las dos iglesias antiguas y dos de las casas de los canónigos.
Descripción
de San Juan de Caaveiro
Hay dos aspectos
fundamentales a subrayar de las ruinas de San Juan de Caaveiro.
-
Lo
primero y más importante es el maravilloso lugar donde se
encuentra en un valle rodeado de montes de verdísima vegetación.
-
El
segundo aspecto es la notable arquitectura del ábside románico
de la iglesia monacal.
Exteriormente,
una escalera comunica con el arco apuntado que da acceso al atrio,
abierto entre lo que queda de lo que fue residencia de canónigos
y el frente de la iglesia. Sobre este arco hay muro con ventana y
rematado por un pequeño campanario barroco, obra de la escuela
de Simón Rodríguez.
La iglesia, o
al menos la cabecera y parte de la nave, es románica de finales
del siglo XII, con planta rectangular de una nave cubierta de madera
y un ábside semicircular cubierto con bóveda de medio
cañón peraltado terminada en bóveda de horno.
El arco triunfal también es peraltado, descansando sobre columnas
adosadas a los muros.
Exteriormente
se aprecia el gran desnivel del terreno que existe bajo el cuerpo
del templo y el ábside lo que obligó a construir un
gran muro cuadrado de apoyo, adosado al barranco, que muestra grandes
contrafuertes y que recuerda la articulación lombarda por sus
arcos y pilastras.
Por su parte,
el propio ábside no es precisamente esbelto ni de gran tamaño.
Sin embargo, la habitual buena sillería granítica del
románico gallego y la acertada relación de proporciones
hace que se nos muestre bastante armonioso.
Tiene
este ábside un triple rebanco en degradación y dos columnas
con capiteles de pomas que dividen el muro absidal en tres paños
o calles. En los paños central y meridional se abren sendos
ventanales de doble arquivolta semicircular y de superficie lisa apoyadas
en dos pares de columnas acodilladas. El vano del paño norte
es sencillo, de medio punto también y aristas vivas.
El saliente tejaroz
descansa en las columnas que separan los tramos y en canecillos de
variada ornamentación.
Hay que advertir
que la bonita pero algo extraña portada principal fue muy modificada
(reinventada) en la citada restauración decimonónica,
puesto que, según parece, se parecía a la de la iglesia
de Bergondo.